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Un campeón de curación de España

Mikel Hansen (con el balón) intenta vencer a Jorge Macheda el viernes en la semifinal del Mundial entre España y Dinamarca. Peter David Josek / AP

El potente disparo de Robin Marchand golpeó la barra y escupió. Quedan 30 segundos. Un acto doloroso diezma el juego y, sobre todo, lo condensa. Muy cercano, pero siempre actualizado. Este fue un duelo para España y así la vida terminó en las semifinales del Mundial que nunca había enfrentado. La elección no llegó a ser un campeón mundial. En los peores momentos, echó de menos a sus veteranos dorados, no pudo apretar el agarre defensivo, esta vez el gol no lo salvó del empate: solo siete tacleadas y una tasa de acierto del 17%.

Los chicos de Jordi Ribera siempre fueron derrotados por un ataque danés que dejó a la afición corriendo durante 60 minutos. Apareció en El Cairo como el mayor entrenamiento ofensivo y no tardó en demostrarlo. Se vuelve a ver a Mikel Hansen, como pasó en cuartos de final, pero esta vez para destrozar a España y no conspirar contra sí mismo. Sus 12 goles y su enorme impacto en el partido de su equipo resultaron insuperables.

Las diferencias fueron breves. Sin embargo, también era evidente la sensación de que la clave siempre había estado en manos de los escandinavos. Blasfemia España, los hermanos Dujchibayev se aferraron al incendio de Makeda, la experiencia en el eje Figueras, todos ellos herederos del equipo que quedará tras una inminente despedida de la vieja guardia, desapareció este viernes, pero eso no fue suficiente. Con una lesión en el riñón pudo aguantar y empatar el partido, que no ha logrado desde que empezó a rodar el balón, pero no. Ahora tiene que luchar por el bronce ante Francia (domingo, 14.30, Tdp), y su poderoso monstruo negro, que cayó ante la renacida Suecia (26-32).

Mikel Hansen lo echó a perder en los barrios con un autosabotaje que él mismo no pudo explicar y no estaba listo para ser la imagen que quedaba de él en el Mundial. Al ritmo de su brazo Thor, el dios del poder, Dinamarca se presentó en extrema armonía. Casi todos los ataques fueron un objetivo. Regístrese o asista. Defensa y gol, pilares indiscutibles de España cada vez que había algo bueno en su palmarés, no tenían respuesta. Nueve de los primeros 10 ataques de los países nórdicos terminaron con el balón en la red. Cuando Jordi Ribera apretó el botón del tiempo muerto con un 7-11 en contra, Hansen marcó cuatro goles y varias asistencias. Incluso fue él quien dio las órdenes en ese descanso. La cita danesa fue casi absoluta ante un equipo que flaqueaba. Sin defensa no hubo contraataques y en el ataque no hubo atrapada al aire.

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Dinamarca supo la lección y empezó muy cerca del eje. Marchan era difícil de encontrar, un martillo en los cuartos. Los hispanos fueron encontrando caminos desde afuera, con el gran Alex Dugshibaev y algo del extremo. A Maqueda, de nuevo en peso, se une la misión más joven de los Dujshebaev, que empieza a mostrar su bigote. No hubo indicios de su presencia en muñidores, Entrerríos, Cañellas o Sarmiento. Todavía no estaba allí. Cero goles entre los tres.

De eje a eje

Con pala con pala, la elección permite equilibrar el impacto o, al menos, nunca se sale de control. La defensa siguió sin ser pobre, pero al menos fue abriendo pasajes en la zaga que ya no eran rocosos. Se presenciaron ataques a las defensas y los dos entrenadores no dudaron en dar descanso a los porteros. En el escenario, Corrales y el jugador del Barcelona Muller. Sin embargo, el efecto fue nulo en ambos casos. España no se sintió a gusto. Los daneses estuvieron cinco minutos sin marcar en la última parte del primer tiempo, y eso no les dio más que su ocupación de dos goles en el primer tiempo (16-18).

Nada ha cambiado después de 15 minutos de pensar. El 0-2 en el primer intercambio no anunció nada bueno, y ante la adversidad dobló a los hermanos Dujchibayev, que mantuvieron la fe y el coraje para seguir pegados a las semifinales. Makeda siguió atacando y se unió a la misión con Figueras, quien abrió el camino desde el Eje. Sus seis goles fallidos fueron un nuevo faro de ilusión. Pero Dinamarca también mostró músculos desde esa posición: Jensen, siete goles en ocho lanzamientos.

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Las faltas no fueron significativas, en varias ocasiones incluso con gol, pero el partido no envió señales positivas al equipo. Algo faltaba. Defensa, gol, entrada … Ribera volvió a cambiar al portero. Pérez de Vargas se fue y dejó algunas pausas. De hecho, fue uno de ellos el que llevó a España a la penúltima adquisición en la que todo acabó. Antes del fatal desenlace, tenía dos bolas de empate, pero ninguna. Siempre faltaba algo. No fueron ni aguante ni resistencia porque Dinamarca llegó 29-33 a falta de cinco minutos y tuvo respuesta. Metió uno, quedaba un minuto y Ribera gritó. La pelota alcanzó a Robin Marchand, incluso entonces sin falta, y el bar dijo que no. Faltaba poco; De hecho, faltaba todo.

España – 33 – Dinamarca – 35

España: Pérez de Vargas; Sulli (3, 1p), Raul Entreios (-), Moros (-), Alex Dugshibaev (4), Kanelas (-) y Areno (2); Corrales (ps), Aleix Gómez (3, 1p), Maqueda (5), Sarmiento (-), Dani Dujchibaev (7), Angel Fernandez (-), Figueras (6), Guardiola (-) y Marshall (3).

Dinamarca: Landin (P), Muller (P); Jacobsen (2), Jacobsen (1), Mulgard (-), Svan (3), Larsen (-), Hansen (12, Pen 2), Olsen (4), Anderson (1), Jadsen (4), Sogstrup- Jensen (7 años), S. Jensen (1).

Marcador cada cinco minutos: 2-4, 5-7, 7-10, 10-13, 14-16 y 16-18 (resto); 19-22, 22-25, 24-26, 28-30, 31-33 y 33-35.

Referencias: Horacek y Novotny (R.C.). Despidieron a Mollgaard por tres excepciones, dejando fuera a Figueras, Guardiola, Entrerríos y Gidsel por dos minutos.

Sala del Estadio de El Cairo. No una audiencia.