Miércoles, 29 de marzo de 2017
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Salva Gregori
Viernes, 30 de diciembre de 2016
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Estabilización, normalización y recuperación

BALANCE 2016

Es bastante habitual que alcanzada las postrimerías del año se efectúe un balance de lo sucedido durante el ejercicio que se cierra. Y en el caso del Ayuntamiento de Gandia, después de la crítica situación financiera con la que se inició la actual legislatura es casi obligatorio, como responsable de la hacienda municipal, tanto realizar un análisis retrospectivo como intentar predecir el futuro cercano de las cuentas municipales.

 


Si puede afirmarse que en el segundo semestre de 2015 se produjo la estabilización de las finanzas municipales mediante, por una parte, la aprobación por parte del Ministerio de plan de ajuste que dotaba al ayuntamiento de un marco de estabilidad financiera y una hoja de ruta coherente para los próximos 15 años y, por otra, el acuerdo alcanzado con todas las entidades bancarias con lo que el quilombo que el gobierno popular dejó se recondujo, podemos asegurar sin ningún tipo de duda que 2016 ha concluido como el año de la normalización con los proveedores municipales.

 


Y es que los datos aportados este martes 27 de diciembre en rueda de prensa no dejan lugar a dudas: durante este mes se han pagado casi 6 millones de euros en facturas dejando la deuda comercial en 13 millones de los 55 millones con los que se empezó la legislatura.

 


En resumen, nada menos que un 75% de reducción de deuda en sólo año y medio de gobierno y la satisfacción de que muchas personas y empresas de Gandia y la Safor puedan cobrar por un trabajo realizado, un servicio prestado o un producto suministrado.

 

El ejercicio de un cargo público tiene momentos amargos y dulces y la presentación de los resultados anteriormente mencionados y el reconocimiento de todos aquellos que están agradecidos por la celeridad con la que sus deudas son atendidas, forman parte de los segundos.


 

Pero esta nueva situación no surge por generación espontánea ni es fruto de una chiripa. La herramienta presupuestaria que se maneja desde el área de Hacienda ha de ser realista tanto en su parte de ingresos como en la de gastos. Generar ficciones presupuestarias como las ocurridas en los años de desgobierno popular ha conducido a que los presupuestos de 2013 y 2014 sean declarados ilegales. Si no fuera porque uno ya está curado de asombro de los dislates del PP todavía se sorprendería del cinismo discursivo popular exigiendo la aprobación de los presupuestos de 2017 cuando ellos mismos fueron incapaces de hacer lo suyo en 2015, a pesar de contar con mayoría absoluta estando todo el año prorrogados los de 2014.


 

Uno ahora entiende el eslogan de las NNGG del PP, de las que Víctor Soler formaba parte hace poco: “Sin complejos”. Y sin vergüenza se podría añadir.

 

Si 2015 fue el año de la estabilización y 2016 el año de la normalización, 2017 va a ser el año de la recuperación de las finanzas municipales. A punto de comenzar año y de enviar al Ministerio de Hacienda el nuevo presupuesto, las líneas generales del mismo tienen dos objetivos: eliminar toda la deuda extrapresupuestaria heredada del gobierno del PP y lograr por primera vez en la historia ser capaces, dentro de los términos de legalidad establecida en la legislación vigente, es decir, de pagar a 30 días a los proveedores.


 

El otro gran objetivo de 2017 es liquidar y cerrar definitivamente la empresa pública IPG ya que así nos lo ordena el Ministerio dada la situación económica del Consistorio. Este año se puede y se debe producir  el cierre de la misma garantizando la prestación de los servicios públicos atendidos por ella y preservando los lugares de trabajo necesarios para que estos sean bien atendidos.


 

Ya no hay vuelta atrás y la obligación de cerrar un instrumento que nació con vocación de agilizar la gestión municipal mediante las llamadas “encomiendas de gestión” fue degradándose progresivamente hasta alcanzar el cénit de enchufismo (“los enchufados están en IPG”, Torró dixit), opacidad, arbitrariedad y ausencia de fiscalización con el anterior gobierno. Únicamente queda redactar el réquiem de su disolución y fijar la fecha de defunción.


Por último, la gran preocupación de los ciudadanos: el empleo.

Sabemos que las políticas activas de empleo no corresponden al Ayuntamiento al carecer de competencias. En todo caso, la labor de una corporación municipal es ayudar a crear un marco regulatorio, dentro de sus competencias, que no impida la generación de riqueza y creación de empleo. En definitiva, que no estorbe.

 


No podemos ni debemos sacar pecho de que en el mes de noviembre el paro en nuestra ciudad ha bajado un 8’2% y que la afiliación a la SS ha subido un 4’0 en tasa interanual respectivamente.

 

No vamos a utilizar de forma demagógica esa cifra que es una medición del drama humano en la que muchas familias se hallan.


Sin duda, el entorno general ayuda a que los guarismos mejoren pero también es cierto que inyectar liquidez con el pago a los proveedores ayuda muchísimo al buen funcionamiento empresarial.

 


El nuevo paradigma keynesiano del exalcalde asegurando que él no gastaba sino que invertía en la economía de la ciudad es de una desfachatez tan grande como el agujero por impagos que dejó en sus cuatro años de gobierno. Gastar y no pagar no tiene nada que ver las enseñanzas del lord británico. Eaton y l’Alcudia de Carlet están muy distantes.

 


En resumen, en este año y medio de gestión la imagen del Ayuntamiento de Gandia ha dado un giro de 180 grados ya que donde antes había preocupación en los bancos ahora hay confianza;  la inseguridad en el cobro por parte de los proveedores se ha tornado en certeza de pago; el temor del Ministerio de Hacienda a la quiebra municipal se ha transformado en la tranquilidad de que las cosas en Gandia vuelven a hacerse de forma sensata y los hombres de negro de Madrid ya no tienen billete del AVE.
El Ayuntamiento de Gandia vuelve a ser una institución seria y rigurosa con las obligaciones asumidas muy alejada de la situación de junio de 2015 donde la alcaldesa y vice alcaldesa tuvieron que escuchar del propio Secretario de Estado Antonio Beteta aquello de “la fiesta en Gandia se ha terminado” y “subiendo todo lo que hay que subir y bajando todo lo que se puede bajar Gandia tiene una fácil solución”.

 

El trabajo no ha sido fácil, ni las medidas que han tenido que ponerse en marcha han sido gratas pero podemos asegurar con absoluta certeza que Gandia está en el buen camino y el horizonte está despejado para que nuestra ciudad vuelva al camino del que nunca tuvo que salir.

Nuestra ciudad y sus ciudadanos se lo merecen.

Feliz 2017!

 

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