Miércoles, 29 de marzo de 2017
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Toni Bataller Perelló
Jueves, 28 de abril de 2016
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La trama

Pasó en Gandia hace unos días. Un grupo de gente se reúne en un bar para abordar el derribo del político que tiene en su mano la llave del gobierno de la ciudad.


El grupo está formado por gentes de distinta condición e ideología. Llama la atención la presencia del responsable económico del partido hoy en el gobierno, y la de un antiguo militante del partido que acaba de abandonarlo y que siempre destacó por su actividad conspiratoria. Junto a ellos una serie de personajes de los que crean opinión y también el secretario del grupo municipal emergente y hoy decisivo. Técnicas masónicas.


Cundían los nervios, el político decisivo había manifestado su intención de no apoyar los presupuestos municipales y los insidiosos en el cenáculo decidieron pasar a la acción.


Las herramientas las tenían desde el principio de la legislatura, habían infiltrado en el seno de la organización emergente a actores decisivos, mercenarios. Disponían del asesor, hombre fiel a su ideología cuya ascensión en el pequeño partido emergente lograría que no se produjeran cambios en el gobierno, “uno de los nuestros”.


Los otros, a través del orondo secretario, harían lo imposible para mantener un gobierno municipal contrario a su ideología y acabar de una vez por todas con los antiguos dirigentes, permitiendo su acceso al poder en el seno de su partido.
 

La acción consistía en denunciar al político decisivo acusándole de intervenir en una adjudicación de un servicio sin contar que eso no era posible pues no formaba parte del gobierno y que el proceso administrativo era correcto a pesar de que adjudicatario, al parecer, ocultó su incapacidad legal para contratar con la administración, algo imposible de adivinar por los técnicos informantes.
 

Salieron, públicamente, los infiltrados, arrogándose la ética y honestidad propia de quien traiciona al que le da de comer, anunciando acciones legales para conseguir la imputación del político emergente y así ocupar su lugar el asesor, asegurando la continuidad del gobierno.
 

Pero la historia se convirtió en un burdo sainete cuando la dirección del partido emergente, fina en su interpretación de los hechos, descubrió la burda maniobra, expulsando a los insurrectos y acabando solventemente con la intriga. Los reconocimientos tácitos de la operación al tiempo que se niegan y la continua salida en los medios del orondo ex secretario son patéticos.
 

Como bien sabe la gente de la calle, la política de la ciudad se ha escrito en muchas ocasiones a base de intrigas, contubernios y maquinaciones para acabar con los adversarios. Desde la política se servía a quienes detentaban el auténtico poder, el económico, el del lucro y la usura y destruían a quienes podían poner en peligro sus intereses compartidos.
 

Presionar a la puerta de las circunscripciones electorales, unirse a quien manda en el partido contrario para que se eliminen candidatos, judicializar la política para destruir al adversario, comprar a quienes están en partidos pequeños prometiéndoles puestos en los grandes para garantizar la continuidad de un sueldo cuatro años más, ensalzar al anterior rival para desprestigiar al actual, y otras lindezas, son medios utilizados por el poder político para mantenerse en él.
 

El fracaso de este necio actuar en estos días, da esperanzas para un verdadero cambio en los usos y las formas de la política local. Hoy los ciudadanos de Gandia pueden estar más tranquilos porque la maquinación ha sido desarticulada y el poder estará compartido, se necesitará consenso y diálogo para la defensa del interés de todos.
 

Con la expulsión de mercenarios y el fracaso de los contubernios las cosas del gobierno pueden ser más fáciles y transparentes pero quien esté en el mundo de la política no debe olvidar la necesidad de protegerse de sí mismo y de sus socios de gobierno.

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1 Comentario
Conspirator
Fecha: Jueves, 28 de abril de 2016 a las 13:21
Sr. Bataller, ¿nunca ha temido que su sombra le ponga la zancadilla? Pues si va por ahí, firmado todo lo que le pongan delante, llegará el día en el que le ocurrirá. De nada

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